Si creías en el mito de las películas pornográficas en donde el tamaño ideal del pene es de 18 cm a 21 cm lamento decepcionarte. En la industria pornográfica (que es donde vemos un "prototipo de pene relativamente grande") todos esos caballeros y esas escenas donde el tamaño del pene es sinónimo de "semental" han sido retocadas con distintos programas por computadora para crear ilusiones visuales, así mismo utilizan otras técnicas donde simplemente juegan con tu percepción.
En México (y en el resto de américa latina) no existe un tamaño promedio de peneya que no somos una raza única. Sin embargo, un tamaño idealpara el pene (que permite la penetración sin ningún problema) oscila alrededor de los 15 cm cuando está erecto, mientras que si tu pene o el de tu pareja tiene un tamaño de 10 cm o menos al momento de la erección puede llegar a tener algunas complicaciones para la penetración (esto sin olvidar que en países como China el tamaño del pene de los hombres es más pequeño que en américa latina, pero al mismo tiempo el tamaño de la vagina de sus mujeres también lo es) a este condición se le denomina "micropene". También es importante mencionar que un pene que sobrepasa los 18 cm en erección puede ser contraproducente al momento de la intimidadya que la vagina "no es infinita" y la penetración puede llegar a ser muy dolorosa.
Respecto a si existe alguna manera de agrandar el tamaño del pene cabe mencionar que sólo existe una intervención quirúrgica (todos los anuncios que prometen agrandar el pene en 30 días y utilizando aparatos, pomadas u otros instrumentos son falsos) pero los resultados no son muy halagadores ya que lo máximo que el pene puede agrandarse con dicha intervención es 1 cm.
Así que si tienes o tu pareja tiene un "complejo de tamaño de pene" ya lo sabes. Un pene largo sólo sirve para "la foto" ya que en la vida real no es demasiado funcional. Antes de preocuparnos por el "tamaño del pene" lo ideal sería preocuparnos por la aceptación de nuestro cuerpo tal y como es.
En todo caso podemos afirmar que lo que importa al momento de la intimidad no es el largo del pene sino el grosor, esto debido a que el placer al momento del coito surge a partir del rose del pene con las paredes vaginales. Ahí la importancia de la técnica y no del tamaño del viril.
Muchas veces al hablar sobre infidelidad siempre nos encontramos con las mismas preguntas: ¿quien es infiel volverá a serlo? ¿una persona que ama a su pareja puede ser infiel? ¿la infidelidad es sinónimo de ser mala persona o mal amante? Pues bien, el día de hoy nos enfocaremos en la persona que es infiel y no en la persona a la que le han sido infiel. ¿Novedoso no es así?, sin más que decir, sumerjámonos en el mundo de las emociones y las relaciones de pareja. No es pequeño el número de personas que al menos una vez en su vida ha sido infiel o puede llegar a serlo, pero ¿si fui infiel volveré a serlo? ¿si tengo un sentimiento de culpa por haberle sido infiel a mi pareja debo decírselo, a pesar de que si se lo digo corro el riesgo de que mi pareja me deje?, la respuesta es: dependiendo de la situación. Lo primero que debemos plantearnos es ¿por qué razón es que hemos sido infieles ?, muchas veces la infidelidad ocurre por "vacíos emocionales", falta de comunicación o simplemente porque ya no se ama lo suficiente a la pareja. Si nuestro caso es la tercera opción lo más adecuado es terminar con la relación, ¿por qué?, porque si no se ama a la pareja lo suficiente lo único que estaremos construyendo es una relación destructiva en donde ninguna de las dos partes obtendrá nada productivo, uno de los grandes errores que cometemos es "darnos tiempo" de amar a la pareja, muy pocas veces esto logra hacerse y lo más común es que nos estemos autoengañando y utilizando a nuestra pareja para evitar salir de nuestra zona de confort y enfrentar nuestro más grande temor: "la soledad o carencia de labios que besar". Sin embargo, si la infidelidad se debe a "carencias emocionales" o falta de comunicación lo ideal es poner las cartas sobre el asunto y tratar de resolver esos "problemas" que no nos están permitiendo construir una relación productiva. ¿Pero cómo saber si existe una falta de comunicación en nuestra relación?, a continuación te dejo una lista de algunos "signos de alarma" que pueden indicar que tenemos una comunicación deficiente con nuestra pareja: 1.- Cada vez que nuestra pareja platica con otro persona sentimos temor "extremo" a que nos deje. 2.-Las peleas por cuestiones sin sentido o carentes de importancia son el pan de cada día. 3.- Tenemos miedo de preguntar a nuestra pareja sobre alguna situación porque no queremos despertar el Hulk que lleva dentro. 4.- No nos atrevemos a decirle a nuestra pareja las cosas que nos molestan, nos guardamos el coraje y cuando menos lo esperamos explotamos. Si te identificaste con más de uno de los anteriores puntos es importante que trabajes la comunicación con tu pareja porque: una buena comunicación es un rasgo característico de las relaciones exitosas. Pero volviendo al tema principal del presente post: ¿Si fui infiel a mi pareja debo contárselo?, como comenté anteriormente esto es dependiendo de la situación. Pero, ¿exactamente a qué me refiero con esto?, es muy sencillo: Debemos "ANALIZAR" nuestra culpa, ¿cuántas veces he sido infiel? ¿por qué razón es que fui infiel? ¿aún le sigo siendo infiel? ¿amo a mi pareja? ¿qué cosas "positivas" he hecho con mi pareja para demostrarle mi amor?, debemos plantearnos dichas preguntas haciendo a un lado a nuestro "yo-saboteador", en pocas palabras: el haber sido infiel NO TE HACE MALA PERSONA, ni necesariamente significa que volverás a ser infiel. Si decides no contarle a tu pareja, lo que debes hacer es analizar las anteriores preguntas desde una manera crítica pero sin juzgarte, en otras palabras: COMPRENDERTE MÁS NO JUSTIFICARTE. La diferencia esencial entre comprender y justificar radica en que al comprender somos conscientes de qués es lo que hicimos y que no nos gustaría volver a hacer, así como también sabemos por qué lo hicimos. Así mismo estamos dispuestos a proponemos soluciones y objetivos con nosotros mismos, en este caso: "no volver a hacer aquello que nos hace sentir mal". Mientras que justificar está más orientado a una personalidad indispuesta a cambiar dicha situación, en otras palabras es el típico: "Así soy y no puedo cambiar", "seré infiel porque mi pareja lo ha sido o lo más probable es que también me sea infiel", si tu postura es la segunda lo mejor es que termines tu relación. Si tu postura es la primera lo más importante es que analices si "el peso de tu culpa" no es demasiado grande y puedes vivir con ella, o quizá puedas poner un punto y a parte para continuar construyendo una buena relación con tu pareja. Sé que a primera instancia parecería una contradicción decirte que si no te sientes dispuesto NO LE DIGAS A TU PAREJA QUE LE FUISTE INFIEL, ya que hace un momento hablé acerca de la importancia de la comunicación en la relación. Sin embargo, si construyes una buena comunicación con tu pareja, le amas y estás dispuesta o dispuesto a no volver a poner el cuerno ¿tiene algún sentido que confieses "un error" que no traerá nada productivo?, quizá más adelante podrás hacerlo, o quizá el "comprenderte" te ayude a sentirte bien contigo mismo y a darte cuenta que eres humano, que cometes errores y que aprendes de ellos. Así mismo probablemente te ayude a valorar a tu pareja y a darte cuenta que en realidad le amas. Si fuiste infiel no tienes necesariamente que volver a serlo, recuerda que también has hecho muchas cosas para hacer feliz a tu pareja. Sin embargo, si aún así no te sientes cómodo lo más adecuado es que vayas con un psicólogo y por qué no: a una terapia de pareja. Recuerda que el apoyo profesional siempre será mejor que un post y que NO DEBEMOS HACER LO QUE NO NOS GUSTARÍA QUE NOS HICIERAN. ¿Y tú qué opinas?
Los intereses primordiales,
aquellos que en realidad tienen un gran impacto en nuestra vida y cuyo proceso
de seguimiento muchas veces nos cuesta culminar; varias veces se ven sesgados u
obstaculizador por las sombras del temor, la inseguridad, los factores externos
a nuestra voluntad como lo son nuestra situación económica, nuestro estado
emocional, nuestra ubicación geográfica, etc.
Un interés parte de un
deseo, un deseo cuya materialización se cristaliza en el establecimiento de
metas y objetivos. Pero, ¿por qué no nos atrevemos a culminar o establecer
dichas metas y objetivos? ¿Cuáles son los principales obstáculos a los que nos enfrentamos
en nuestro camino? ¿En realidad esos obstáculos existen?, ¿quién es el
responsable en caso de que tales obstáculos existan?.. Tales cuestionamientos
deberían pasar por nuestra cabeza con la intención en todo momento de analizar
introspectivamente el por qué de nuestra toma de decisiones. Porque al final,
la toma de decisiones juega un papel primordial; tanto en la valentía de
atravesar el sendero como en la cobardía de descansar a la orilla del primer
riachuelo que encontremos en el camino.
¡Un bello ángel!, ¡un tierno
beso!, una dulzura tras sus encuentros. ¡Un gran esfuerzo!, tras el trofeo,
caer rendido tras un intento. ¿Por qué? ¿Por qué no nos atrevemos a luchar por
lo que queremos?, ¿Por qué dejar apagar
el fuego de cupido cuando en verdad sabemos que esa luz es la indicada?¿por qué
rendirnos ante aquel ogro que sólo muestra ira y desprecio, cuya verdadera
naturaleza es la envidia y la cobardía?, ¡pobre ser llamado humano!, cuya mente
es tan sencilla de enajenar y minimizar con el soplido del más leve viento.
Todos hemos caído hasta los
suelos, dejando a un lado nuestros anhelos. ¿Si el ave fénix resurge de las
cenizas, el deseo indeleble puede volver a concientizarse con tal fuerza que
oriente nuestras acciones a luchar por lo que queremos?, la respuesta es sí,
pero para ello debemos cambiar nuestra actitud para con nosotros mismos y para
con la vida.
Existen un gran sin número
de razones que utilizamos para autoengañarnos, tales razones no son más que la
viva cara del temor a salir de nuestra zona de confort. El miedo a lo
desconocido es una de las principales causas por las que no nos atrevemos a realizar
lo que queremos. Quizá tengamos el inmenso interés de aprender alguna profesión
empero necesitamos pasar a una vida independiente, tras haber vivido tanto
tiempo en una relación parasitaria nos es difícil valernos por nosotros mismos.
El pajarillo tiene que extender sus alas cuando nunca ha podido ni siquiera
obtener un gusano por su propia cuenta, con suerte, tiene el conocimiento de
cómo volar, sin embargo jamás ha puesto en práctica tan valioso conocimiento.
En contraparte, la parvada
muchas veces también quiere retener al pajarillo en el nido, ¿esto funge como
un pretexto válido para el incumplimiento de nuestras metas?; por supuesto que
sí, siempre y cuando seamos conscientes de que lo que deseamos no es en
realidad lo que deseamos, porque aquel que en realidad desea alcanzar algo y es
consciente de ello, luchará contra los dragones del destino para alcanzar el
tesoro preciado del deseo. Si aún no nos convence, y creemos que en realidad
deseamos algo pero no nos atrevemos a luchar por ello, quiere decir que estamos
bajo las garras del temor. ¿Cómo vencer al temor? , reflexionando acerca de
nuestras pasiones, nuestros miedos y nuestras fortalezas. No hay mayor
armamento para un hombre que trata de
vencer sus miedos que el conocerse a sí mismo. Pero conocerse a sí mismo no
conlleva regirse sólo por la opinión externa, conlleva regirse por el
pensamiento reflexivo cuyo producto surge de una sana interacción con la
conciencia, donde el conflicto cognitivo es sólo el comienzo de la luz de la
verdad, nuestra propia verdad. Aquel que se rija por el pensamiento reflexivo y
lo aplique sobre sí mismo, está purificando sus pensamientos de la enajenación
social, al menos en gran parte.
El temor a la pérdida de
confort no es la única razón por la que no nos atrevemos a perseguir nuestros
intereses, existen en efecto otras cosas como las externas: aquellas variables
independientes del sujeto. Quizá deseamos estudiar una carrera profesional, sin
embargo nuestros recursos y ubicación geográfica no son factores que jueguen a
nuestro favor. ¿Esto es en realidad un obstáculo? La respuesta es sí, sí si en
realidad no estamos dispuestos a salir de la mediocridad y la autojustificación
de nuestra falta de empeño y esfuerzo. ¿Quién obtiene las cosas de manera tan
sencilla? Nadie, y si lo hace no lo valora, lo que seguramente lo llevará a la
perdición. Aquel que desea lucha bajo cualquier circunstancia por lo que
quiere. Quizá tenga que postergar sus objetivos, o muchas veces tome calles
tangentes a la avenida principal pero jamás olvidando a dónde quiere llegar,
retomando al final, siempre su camino. No existe peor mal que el minimizarse a
uno mismo, no existe peor error que el creer nosotros mismos que no podemos
hacer lo que nos proponemos, porque si desde un comienzo llevamos eso en mente,
tenemos la fuerza de voluntad derrotada desde el principio. Si el combustible
se ha agotado antes de iniciar la travesía ¿de qué nos vamos a suministrar
después?
Pero existe algo mucho peor,
un verdadero problema para aquel que lo padece, que estoy seguro, a la mayoría
de nosotros nos ha pasado. El peor de todos los males para el incumplimiento y
abandono de nuestros intereses es la falta de conocimiento de nosotros mismos.
Como predicaba
anteriormente, el ser humano es fácilmente enajenable. La enajenación mental es
posible debido a que el ser humano difícilmente se conoce a sí mismo, por ende,
esto conlleva que muchas veces la decisión de “nuestro destino” esté en las
manos del otro, o del “gran otro”, menos de nosotros mismos. El no conocernos
nos hace proclives al autoengaño. Existen varias facetas del autoengaño: el conformismo,
el miedo, la desvalorización, la falta de voluntad, la desmotivación, la indisciplina,
los prejuicios y las emociones aflictivas. Visualizando lo anterior ¿qué tienen
en común las facetas del autoengaño?, lo primero que viene a nuestra mente es
el autosabotaje y la auto-obstaculización.
Típicamente la sociedad
contemporánea es conformista, los medios de comunicación hacen ver la
mediocridad como “sublime”: El consumismo está en primer plano, el valor de uso
está por los suelos. Vale más alimentar el narcisismo artificial producto de la
enajenación que alimentar el deseo natural del ser humano, tal deseo puede
contemplarse con 3 palabras: familia, salud y amor. Somos conformistas en el
plano de las relaciones sociales más no en el plano material. Al final, la
sociedad producto del sistema capitalista comienza a sentir el síntoma de tan
terrible enfermedad: las guerras son su máxima expresión.
Un cuestionamiento más puede
tener cabida en nuestra reflexión: ¿por qué desvalorizamos aquello que nos gusta?,
¿cuán razón tiene el profesor de enseñanza clásica al infravalorar los trabajos
de Van Gogh ante los de Einstein? No todo lo que indica la cultura muchas veces
tiene la razón. La cultura es una visión dominante de la realidad, más no es la
realidad como tal.
Aquel que ha triunfado es aquel que se ha atrevido a brincar
los muros del statu quo, aquel que ha dicho: ¡la realidad, no es lo que
parece!, el verdadero creativo, el verdadero artista rompe paradigmas. ¿Por qué
no ser un artista en la contemplación de la vida?, de nuestra propia vida. El
matemático es tan estúpido intentando encestar una canasta de baloncesto como
el médico tratando de hacer una reproducción de cualquier cuadro de Diego
Rivera. Con esto no quiero decir que el médico no pueda aprender o no tenga la
habilidad de crear pinturas de gran calidad, con esto quiero expresar el
resentimiento que se muestra en mi pecho al escuchar que el concepto de
inteligencia se reduce a las habilidades lingüísticas y lógico matemáticas.
Desde que me hice consciente de tan severo problema, no he encontrado un solo
argumento que sea válido para concebir las habilidades artísticas como carentes
de inteligencia. A la sociedad nos hace falta aprehender el concepto de
inteligencias múltiples propuestos por Gardner. Sin embargo, todo conlleva un
proceso. ¡Sólo los valientes se atreverán a retar el statu quo y alcanzaran a
llegar muy lejos!, no hay razón válida para desvalorizar nuestros intereses o
deseos. El sistema nos orienta a cumplir los deseos dominantes, el de algunos
pocos; pero la felicidad no se alcanza siendo sirviente de los demás, la
felicidad se alcanza siendo sirviente de uno mismo, cumpliendo nuestros gustos
y caprichos. Más vale músico feliz que abogado frustrado, al final, si hacemos
lo que en realidad nos gusta, es mucho más probable que obtengamos la felicidad
plena.
Así pues podríamos
continuar desmenuzando el resto de facetas del autoengaño, sin embargo
llegaríamos a la misma conclusión: nos autoengañamos porque nos dejamos
enajenar por el otro, y la razón por la cual nos enajenamos es por la falta de
conocimiento de nosotros mismos. Existen elementos imprescindibles para
alcanzar nuestros objetivos y metas: autoconocimiento, valentía y
perseverancia. Para poder contar con tales elementos es imprescindible comenzar
con reflexionar sobre nuestra toma de decisiones, nuestras acciones, nuestro
presente, nuestro pasado, nuestras metas y objetivos, nuestros deseos, etc.
Todo esto a través del pensamiento crítico y la introspección, después, habremos
dado un paso a la victoria.